
Ya lo descubrí... el problema no es el tiempo, el problema soy yo y mis limitaciones. Si yo fuera una mujer de mi misma edad pero con otro temperamento, con otro carácter, con otra historia de vida y con otra salud, seguramente ni siquiera me preguntaría si hay tiempo todavía. Claro que lo hay! diría, y mucho y para hacer muchas cosas y muy placenteras y agradables. Pero como dije antes el problema soy yo.
Yo con mis limitaciones de salud, física y anímica, yo con mi eterna depresión, yo con mis inseguridades, yo con mi infinita tristeza, yo y mi melancolí... yo y mis dolorosas ausencias, yo y mis negadas presencias, yo y toda mi historia de vida, desde que nací prácticamente; si no fuera así podría seguramente hacer muchas cosas para mi propio placer, para buscar mi propia felicidad y para lograrla y hacer este último o anteúltimo tramo de la vida con toda la fuerza que me lo permitiría seguramente como lo veo en tantas otras mujeres.
Siempre me pregunto eso, por qué puedo ver a otras mujeres de mi edad haciendo todo lo que yo ya no puedo hacer y pensando mucho he llegado a esta conclusión, cuando la historia de vida de una persona está llena de hoyos, caídas en los pozos más profundos producto de las pérdidas mas dolorosas desde temprana edad y cuando la vida misma se va transformando en un páramo de soledad entonces, una mujer de mi edad es esto que soy yo ahora, un grito descarnado en el silencio de la noche, un grito de dolor por las ausencias, un grito de rabia por las injusticias, un gemido por el alma rota, una sombra, sólo una sombra de lo que alguna vez fui.
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